[EDUCACIÓN] ¿Estamos criando vagos?

Hay que llamarlos varias veces en la mañana para llevarlos a la escuela. Se levantan irritados, pues se acuestan muy tarde hablando por teléfono, viendo tele o conectados a la Internet. No se ocupan de que su ropa esté limpia y mucho menos ponen un dedo en nada que tenga que ver con ‘arreglar algo en el hogar’.

Idolatran a sus amigos y viven poniéndoles ‘defectos’ a sus padres, a los cuales acusan a diario de “sus traumas”. No hay quien les hable de ideologías, de moral y de buenas costumbres, pues consideran que ya lo saben todo. Hay que darles su ‘semana’ o mesada, de la que se quejan a diario porque -‘eso no me alcanza’.

La vida se les va en: tráigame, lléveme, hágame, págueme, necesito otro celular, esa ropa no me gusta, esa ropa es horrible, esa ropa no es original; no son para nada coherentes con los gastos que tiene un hogar y su respuesta a todo es: no sé.

Esperan encontrar un trabajo al otro día después de graduarse, con un salario de un millón de pesos y creen que no hay nadie por encima de ellos.

Definitivamente estamos rendidos y la tasa de retorno se aleja cada vez más, pues aún el día en que consiguen un trabajo hay que seguir manteniéndolos. Nos referimos a un segmento cada vez mayor de los chicos que bien pudieran estar entre los 16 y los 24 años y que conforman la ya tristemente célebre Generación de los NINI’S, que ni estudian ni trabajan, o estudian y trabajan con todo el pesar.

¿En qué estamos fallando?

Para los nacidos en los cuarenta y cincuenta, el orgullo reiterado era que se levantaban de madrugada a ordeñar las vacas con el abuelo; que tenían que limpiar la casa; que lustraban sus zapatos; algunos fueron limpiabotas y repartidores de diarios; otros llevaban al taller de costura la ropa que elaboraba nuestra madre o tenían un pequeño salario en la iglesia en donde ayudaban a oficiar la misa cada madrugada.

Luego llegó la generación de los nacidos entre el 70 y el 89, gente a la que siempre le dijeron “Aquí se le va a dar estudio, pero trabaje”. Por eso hoy somos adultos responsables pero más cansados, personas que tuvimos todo pero nos implantaron en don del trabajo honrado y responsable, donde conocimos el valor del dinero y hoy por hoy da sus frutos, profesionales cansados tal vez, pero con un alto valor por el trabajo.

Lo que le pasó a nuestra generación es que nosotros mismos “elaboramos un discurso” que no dio resultado: ‘¡Yo no quiero que mi hijo pase lo que yo pasé!’. ¿Usted por qué tiene lo que tiene…? Porque le costó su esfuerzo… muchos sacrificios, y así es que aprendimos a valorar los esfuerzos de nuestros padres al ”ver y compartir” su esfuerzo, en lugar de “ocultarlo” y aparentar que todo es “color de rosa” en la vida. Sin embargo, se acostumbraron a que sus hijos recibieran todo por obligación.

Somos la generación que todavía llama a la casa a avisar donde está y con quien está.

Esos hijos de los que hoy hablamos, nunca han conocido la escasez en su exacta dimensión, se criaron desperdiciando. El ‘dame’ y el ‘cómprame’ siempre son generosamente complacidos y ellos se han convertido en habitantes de una pensión con todo incluido, (TV, DVD, Equipo de sonido, Internet y comer en la cama, Recogerle el reguero que dejan por que siempre se les hace tarde para salir, etc…) y luego pretendemos que nuestra casa sea un hogar… o exigimos o preguntamos, por que nuestros hijos se aíslan, no comparten con nosotros, ya que cualquier cosa es mejor que sus padres o una actividad familiar.

¿Quien le metió todo eso en la cabeza a nuestros hijos?…NOSOTROS MISMOS, SOLITOS Y SABIENDO QUE NO ESTABA BIEN. Al final se marchan al exterior a la conquista de una pareja y vuelven al hogar divorciados o porque la cosa ‘se les pone cuesta arriba’ en su nueva vida, al no haber experimentado el valor del esfuerzo, el conocer que en el «mundo de afuera», las cosas no llegan en bandeja y es necesario esforzarse para obtenerlas. Y como suele suceder en Chile, ese esfuerzo muchas veces ni siquiera es suficiente, dado que los salarios son precarios.

Los que tienen hijos pequeños, pónganlos los domingos a lavar el auto, a limpiar el patio y a limpiar sus zapatos…a ganarse las cosas. Un pago simbólico por eso puede generar una relación en sus mentes entre trabajo y bienestar. Víktor Frankl dice que “lo que hace falta es educar en el amor al trabajo (creativo)”. La música, los conciertos, la tele, la moda y toda la electrónica de la comunicación han creado un marco de referencia muy diferente al que nos tocó, y ellos se aprovechan de nuestra supuesta des-información para salirse con la suya; ya que ahora los patos le tiran a las escopetas, pues ahora somos padres ignorantes con hijos informados –mal- pero con información al cabo.

¿Será cierto que…?

Estamos forzados a revisar los resultados, si fuimos muy permisivos o si sencillamente hemos trabajado tanto, que el cuidado de los hijos queda en manos de las nanas, y en un medio ambiente cada vez más deformante y con nuestra costumbre en base a nuestro cargo de conciencia por no tener mucho tiempo con ellos, subsanarlo con cosas materiales, que solo hacen más agudo el problema. He ahí la revisión necesaria que todo padre de esta generación debe realizar en sus métodos y formas de crianza, si no quiere enfrentarse a esta cada vez más común situación.

NUNCA ES TARDE PARA CAMBIAR.

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