Otorgan 5 años de cárcel a 13 miembros del Ejército por la desaparición de dos ciudadanos uruguayos.

La Corte Suprema dictó sentencia definitiva en contra de 13 miembros del Ejército en retiro como coautores de los delitos de secuestro calificado de Nelsa Zulema Gadea Galán (29) y Julio César Fernández Fernández (27), detenidos desaparecidos desde fines de 1973.

En fallo dividido, la Segunda Sala del máximo tribunal del país –integrada por los ministros Milton Juica, Hugo Dolmestch, Haroldo Brito, Juan Eduardo Fuentes y Lamberto Cisternas– revocó «(…) la sentencia apelada de veinticinco de julio de dos mil doce, escrita a fojas 3.062, en aquella parte que absolvió de la acusación judicial a los acusados:

  • Ricardo Fortunato Judas Tadeo Soto Jerez,
  • Jorge Rosendo Núñez Magallanes,
  • Gladys de las Mercedes Calderón Carreño,
  • Klaudio Erich Kosiel Hornig,
  • Ramón Luis Carriel Espinoza,
  • Fernando Armando Cerda Vargas
  • Rodolfo Toribio Vargas Contreras

Se declara en su lugar que todos ellos quedan condenados como coautores de los delitos de secuestro calificado de Nelsa Zulema Gadea Galán y Julio César Fernández Fernández, a la pena única de cinco años de presidio menor en su grado máximo, accesorias de inhabilitación absoluta perpetua para derechos políticos e inhabilitación absoluta para cargos y oficios públicos durante el tiempo de la condena y al pago de las costas de la causa».

Asimismo, agrega la resolución: «Se confirma en lo demás apelado la referida sentencia, con declaración, que se reduce a cinco años de presidio menor en su grado máximo la pena privativa de libertad -por los mismos delitos indicados en el acápite anterior- a los sentenciados:

  • Valentín del Carmen Escobedo Azua
  • Raúl Pablo Quintana Salazar
  • Vittorio Orvieto Tiplizky
  • Ramón Acuña Acuña
  • Juan Manuel Guillermo Contreras Sepúlveda
  • Nelson Patricio Valdés Cornejo
  • David Adolfo Miranda Monardes

«Concurriendo en la especie –continúa– los requisitos contemplados en la Ley N° 18.216, se concede a todos los sentenciados el beneficio alternativo de la libertad vigilada, debiendo someterse al control por parte de Gendarmería por el término de cinco años y cumplir las condiciones establecidas en el artículo 17 de la ya citada ley en la forma determinada en el respectivo Reglamento».

Decisión acordada, respecto de la condena impuesta a Gladys Calderón Carreño, con los votos en contra de los ministros Fuentes y Cisternas, quienes estuvieron por absolverla de los cargos, ratificando la decisión de primer grado.

En tanto, los ministros Juica y Brito estimaron improcedente reconocer a los encausados la atenuante calificada del artículo 103 del Código Penal, por lo que fueron partidarios de mantener la sentencia apelada en dicho capítulo.

Fuente: Poder Judicial de Chile


Memoria Viva

El 18 de diciembre de 1973, Nelsa Zulema Gadea Galán, casada, de nacionalidad uruguaya y secretaria ejecutiva de la CORVI (Corporación de la Vivienda), fue detenida en su trabajo- la empresa soviética K.P.D.- ubicado en la calle Condell, comuna de Providencia. Los aprehensores fueron Militares. Desde esa fecha no se ha tenido ninguna información de la detenida.

Nelsa Gadea, trabajaba en comisión de servicios de CORVI en la empresa constructora soviética K.P.D., dedicada a la construcción de casas prefabricadas, hasta que el día 18 de diciembre un grupo de Militares fue a detenerla a su trabajo.
No se conocen las circunstancias exactas de la detención.

Una versión indica que la Sra. Gadea no estaba. Otra versión transmitida por un Comandante Rojas a ACNUR -Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados- señala que al ser detenida, Gadea solicitó autorización para entrar al baño y desde allí escapó por la ventana. Esta parece ser la versión oficial; cabe tener presente que la ventana del baño tenía barrotes y estaba en el tercer piso del edificio. Otra versión es que fue detenida en las afueras del edificio de K.P.D.

El Embajador de Uruguay fue autorizado para ver a su conciudadana en la Casa Correccional de Mujeres, donde se había dicho que estaba detenida, pero posteriormente esta autorización fue denegada aduciendo que se debía a un error.

El Oficial de Marina, Comandante Rojas, comunicó a ACNUR que la Sra. Gadea y su esposo eran Tupamaros y que nunca había sido detenida, aunque existía una orden de detención por infracciones a la Ley de Control de Armas en su contra. El mencionado Comandante declaró sospechar que se encontraba refugiada en alguna Embajada. Esta sospecha no fue confirmada por ninguna de las Embajadas y su nombre no figuró en las visas y permisos de salidas otorgados por el gobierno militar, a todos los asilados en representaciones diplomáticas.

El 19 de diciembre de 1973, su domicilio legal, de Santa Cruz 567 fue allanado por un grupo de 20 militares. Su hogar, ubicado en Ramón Cruz 373, Block 29, Depto 407 de la Villa Frei fue allanado el 21 de diciembre a las 15:00 horas. El allanamiento fue practicado por Militares uniformados con vestimentas de campaña de color verde oliva. En esa oportunidad los uniformados retiraron varios libros, documentos y ropa de la casa.

Por su parte el Embajador chileno Enrique Bernstein le declaró a Mr. Haselman, funcionario de ACNUR que la Sra. Gadea estaba detenida en el Norte, posteriormente el Embajador se retractó de esta declaración.

En una nota dirigida a este Embajador por parte de ACNUR, el 25 de abril de 1974 se señala; «compañeros de trabajo de Nelsa Gadea Galán, han declarado que fue efectivamente detenida».

Ana María Moreira Fuenzalida, egresada de Pedagogía, quien estuvo detenida en Tejas Verdes entre el 20 de diciembre de 1973 y el 20 de enero de 1974, en denuncia ante el Comité Interamericano de Derechos Humanos de la Organización de Estados Americanos, OEA, declara que «fuimos trasladadas, de noche a un campamento ubicado en Tejas Verdes, a la orilla de un río. Nos mantuvieron encerradas en casetas para bañistas, de madera, de 70 por 70 cms. aproximadamente, en donde habíamos cuatro mujeres, una de ellas en muy mal estado, con huellas visibles de tortura, casi inconsciente, las muñecas y tobillos descarnados, al parecer le habían aplicado mucha electricidad, pues estaba muy morada y los ojos negros, la boca hecha tiras, a tal extremo que no podía ingerir agua. Esta persona la vimos un día después del primer interrogatorio y no supimos más de ella. Era uruguaya, pero no logramos entender su nombre cuando trató de hablar.»

Nelsa Gadea se encuentra desaparecida desde que fuera vista en muy malas condiciones en el Regimiento de Tejas Verdes.

Julio Cesar Fernández, había nacido en un hogar obrero de Montevideo donde los sábados y domingos se cebaba mate al calor de largas discusiones políticas, nunca le fue ajena la política como tampoco la represión. Llegó a Chile como su madre, sin más que un atado de ropas y ganas de participar en el devenir político. Era inquieto y aveces un poco apasionado en sus discusiones, razón que le costó la marginación de la organización que tenían los Tupas en Chile quedando descolgado de toda organización política local.

 Aislado y sin contactos se encontraba el día 11 de septiembre de 1973. Su único apoyo era Alicia Cheuquepán, una chilena que se había prendado de sus ojos verdes y compartían un cuarto estrecho en la pensión de propiedad del comerciante Andrés Opazo, un hombre que simpatizaba con los militares. El 11 de octubre de ese año ambos son detenidos y trasladados a Colina. Así se lo contó Alicia a Julia Rodriguez, compañera anterior de Fernández con quién había tenido una hija, sólo le agregó al relato, que ella había sido liberada a los pocos días sin saber más de Julio Fernández.

 El destino de Julio Cesar sería más trágico. Luego de padecer torturas en las dependencias del Ejército en Colina, sería trasladado al campo de exterminio de Tejas Verdes, dominio de Manuel Contreras.

 La historia de su paso por Tejas Verdes fue reconstruida por tres mujeres, que siendo adolescentes a la fecha en que ocurrieron los hechos, compartieron parte de su infortunio.

 Ana Graciela Becerra, relata así el encuentro con Fernández: «A fines de octubre o a principios de noviembre, no recuerdo el día exacto, en una de las cabañas por donde debíamos pasar, vi un bulto, que entre miradas pude observar que era una persona. Después de esto empezamos junto a mis compañeras de celda a tomar contacto con él. Era un joven hermoso, con unos ojos verdes y mirada que llamaba la atención, estaba muy maltratado tanto físicamente como psicológicamente, se encontraba sucio, con su pelo largo y al hablar con él nos dimos cuenta que tenía un acento extranjero, en ese momento creía que era argentino».

 Alejandrina Letelier Caruz, estudiante secundaria detenida en tejas Verdes recuerda: «me comentó que a él lo habían traído de Santiago, además que necesitaba un mapa para poder arrancar y que no le importaba la cantidad de guardias que había en el lugar y que estuviera minado»

 Mariela Bacciarrini Inostroza, relata así el fin de Fernández: «por comentarios de Ana Becerra, persona que estaba detenida junto a mi en la celda, supe que en la mediagua contigua a nosotras, había un joven extranjero, a quién nunca vi. Unos días después desapareció. Después de esto, en horas de la madrugada, no recuerdo el día exacto, me sacó el teniente Quintana, para trasladarme a orillas del río, en donde me esperaba el mayor Miranda, Fiscal a esa fecha, quién me acuso de haberle entregado información sobre el Campo y de los funcionarios del Ejército que allí trabajaban al joven extranjero, quién me dijo textualmente «Qué esa información era secreto militar y que por razones de este hecho había muerto».

 Nelson Vásquez detenido en Tejas Verdes, da cuenta de como estaban los extranjeros detenidos: «Llegué a una cabina donde habían mujeres y hombres y se notaba que no eran chilenos, por su forma de hablar, era gente joven, universitarios, a los cuales ofrecí agua…me llamó la atención un joven que se encontraba en esa caseta, porque era alto de tez morena, ojos verdes, pelo castaño, sobresalía de él un mechón de color rubio, además como tenía el pecho descubierto pude ver que en él habían apagado cigarrillos, quedándole como una línea rota en el pecho, las mujeres estaban desnudas y muy dañadas.

 Igual mención a los extranjeros hace Onofre Aguila Parra: «en el mes de octubre de 1973, a fines, oscurecía cuando llegó una camioneta llena de personas detenidas de diferentes nacionalidades, argentinos, uruguayos, centro americanos, deben haber sido más de veinte, los cuales trasladaron a una torre adaptada para la situación, muy chica para la cantidad de personas que metían en su interior, con decir que no podían ni sentarse, había incluso mujeres, prácticamente esa torre era una lata de sardinas».

 A pesar que nunca ha sido reconocida la detención de Julio Cesar Fernández y otros extranjeros, ni cuál fue su destino, por parte de las fuerzas armadas, ni por quienes fueron parte de su gobierno, el suboficial de ejército (R) que tenía a cargo el campamento de Tejas Verdes, Ramón Luis Carriel dice: «En relación, a la persona que se me menciona como Julio Cesar Fernández, no lo recuerdo, pero si está en mi memoria la presencia como detenidos de unos jóvenes uruguayos, de entre unos 18 a 25 años, de todos los cuales se comentaba, pertenecían al movimiento «Tupamaru» y que habrían sido detenidos en la ciudad de Santiago».

 Julio Cesar, Charles Horman, Frank Terrugi y otros extranjeros que fueron asesinados tras el golpe de estado, todos ellos habían llegado a Chile a cooperar en la construcción de una sociedad más justa, más humana. Sus sueños se quedaron para siempre en ese país que fue el asilo contra la opresión

(relato de la madre de Julio Cesar)

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