#Milicogate. Armero del Ejército confesó que durante años los militares le pedían coimas.

Waldo Pinto Gaete, un microempresario que fue miembro del Ejército durante 35 años, acusó a oficiales de distinta graduación de participar en las millonarias defraudaciones cometidas con fondos provenientes de la Ley Reservada del Cobre.

De acuerdo a The Clinic, Pinto confesó a la fiscal militar Paola Jofré como pasó a ser parte de una maraña de pagos con los millonarios fondos provenientes de la Ley Reservada del Cobre. Donde tuvo que comprarles útiles de escritorio, trabajarles gratis y hasta pagarles sus vacaciones.

Todo comenzó el año 2004 bajo el gobierno de Ricardo Lagos, cuando Pinto Gaete ingresó al registro de proveedores del Ejército para prestar servicios de desabolladuría, pintura y reparación de tanques. En los trabajos en el Regimiento Logístico “Pisagua”, y dependiendo del cambio que experimentaban los mandos, él debía llegar a nuevos acuerdos.

Tuve que dar plata para los aniversarios de las unidades de material de guerra y reparar una dependencia que se ocupaba para plan de imagen, en forma gratuita”, señaló el hombre.

“Luego restauré siete camiones unimog que estaban botados y (…) el capitán Passalacqua, que se encontraba en operaciones técnicas, me exigió dejarle un camión sin facturar, lo que en plata de ese tiempo eran de siete a nueve millones de pesos. Yo le entregué el vehículo sin facturar y ellos recuperaron la plata, pero nada me dieron a cambio”, detalló.

El ex armero trabajo en el Regimiento “Rancagua”, también ubicado en la guarnición de Arica. Allí trabajó con “el mayor Carrasco de Material de Guerra” entre los años 2008 y 2010. Nuevamente le habrían exigido coimas. “Al mayor Carrasco le daba porcentajes de dinero que él me pedía gradualmente por el hecho de darme trabajo, siempre un porcentaje de las facturas. En sus vacaciones tenía que pasarle un palo o dos palos”, añadió Pinto.

El 2012, luego de haberse independizado volvió a trabajar para los militares. “Yo tenía proyectos, pero debía darle plata a (el general) Guerra por dichos trabajos, depositando en su cuenta corriente aquí en Arica en el Scotiabank, o bien se lo pasaba en efectivo cuando él venía a ver a su padre (José Guerra)”, admitió el armero a la fiscal.

Había una tarifa. “Le pasaba dos o tres millones de pesos por proyecto. Si era un bus le pasaba aproximadamente unos 500.000 pesos, si era un proyecto de cuatro o más camiones le pasaba 1.500.000 o 2.000.000, y en las cocinas de campaña (…) como 2.000.000”.

Luego entre el año 2013 y el 2014, apareció el coronel Jorge Silva Hinojosa. “Visitó mi taller con el suboficial Ávila (…) vio mi trabajo, mis documentos y posteriormente tuve que pagarle una comida a toda la comitiva, que eran como siete personas, en el restaurant ‘Arriero’, pagué como 350.000 pesos, en efectivo”, detalló Pinto.

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