Garretón al hueso: “En Chile no hay una democracia, sino una post dictadura”.

El abogado de la Universidad de Chile y reconocido defensor de los derechos humanos, Roberto Garretón Merino, retrata el actual momento y los años luego del Golpe cívico-militar. Sostiene en una entrevista a revista Caras , que no vivimos en Democracia, sino en una post Dictadura y que esta no se terminará mientras no tengamos una nueva Constitución, nacida de una Asamblea Constituyente.

Reconocido abogado tanto en Chile y el mundo, ha ocupado significativos cargos como el de representante para América Latina del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los DD.HH y relator ONU .

Si bien Garretón se declaraba contrario a la Unidad Popular,  tras el 11 de septiembre de 1973 decidió formar parte de las filas de la oposición. Así, en los primeros tiempos de la Dictadura, comenzó a trabajar en el recién creado Comité pro Paz que se creó tras las denuncias de crímenes hechas por el cardenal Raúl Silva Henríquez. Luego,paso a la Vicaría de la Solidaridad donde participó hasta 1990.

“Pinochet nunca lo entendió: ¿Cómo la Iglesia podía estar en su contra? Tampoco pudo comprender que esa también fuera la postura de la comunidad internacional, porque él se sentía el salvador de Occidente…”, afirma.

Relata que en el gobierno de Patricio Aylwin Azócar, el que dejó una controversial frase para la historia “habrá justicia en la medida de lo posible“, la creación de la Comisión de Verdad y Reconciliación no fue suficiente. “La verdad es que esperaba más. En Argentina, con la Comisión Sábato hubo un juicio contra militares, las tres juntas de gobierno y Videla incluidos; los condenaron a altas penas… Nosotros, en cambio, quedamos al debe porque los procesos no se iniciaron en ese mismo momento. “

Y es que, desde su visión, “hubo una reacción histérica de la Corte Suprema, lo que fue un balde de agua fría para nosotros. Aylwin fue débil aunque le tocó el período más difícil: los ejercicios de enlace, los Pinocheques, el asesinato a Jaime Guzmán.”

El posterior gobierno de Eduardo Frei-Ruiz Tagle tampoco cumplió con traer justicia, explica que Eduardo Frei no movió un dedo, al contrario, trató de negociar unos acuerdos con abogados del pinochetismo, como la famosa ‘amnistía impropia’, que fue un escándalo.”

Ya para la etapa con Ricardo Lagos Escobar en la presidencia, afirma que el mandatario no tuvo la suficiente fuerza y “se produjo un déficit importante cuando en los otros países se seguía progresando: en Argentina, además de los juicios, se hicieron públicos los nombres de las víctimas y de los victimarios, pero aquí se nombra sólo a las víctimas pero los de los torturadores, de los asesinos, ¡nada! Todos callados por 50 años”, exclama.

Con mejores ojos ve la Mesa de Diálogo de Lagos y en la cual Garretón participó pese a las críticas de las asociaciones de víctimas. “¿Pero qué había de malo en dialogar? Muchas personas me tuvieron mala por eso. Entonces teníamos unas diez o doce causas y al final de este trabajo, al cabo de unos diez meses, ya eran cerca de cuarenta. Los militares comenzaron a entregar con gotario la ayuda. Eso me desilusionó. Sin embargo, de aquí salieron los jueces especiales y nunca más alguien en Chile pudo decir: “yo no supe…”.

Y no sería sino hasta el 16 de octubre de 1998, de acuerdo al abogado, cuando “los jueces empezaron a hacer su trabajo y a procesar a los autores de los crímenes cometidos en Dictadura”. Fecha de cuando Augusto Pinochet fue detenido en Londres. “Ahí se produjo un quiebre maravilloso, porque antes de eso los jueces chilenos solían aplicar la Ley de Amnistía o bien la prescripción del delito, pero de justicia ni hablar”.

Declara que existe hay Impunidad no sólo por una falta de castigo, también por cuatro dimensiones: la impunidad penal, la impunidad política, la histórica y la moral.

“La penal es la que hemos visto con (Manuel) Contreras y otros reos encarcelados en situación de privilegio, en unidades especiales como sucede en Punta Peuco; la impunidad política son aquellas autoridades que en dictadura nos mintieron una y otra vez sin que hasta hoy hayan pagado ningún costo; es el caso de Sergio Diez, quien mintió ante la Asamblea General de la ONU y ante el comité de Derechos Humanos de la OEA, donde dijo cosas atroces, como que los detenidos desaparecidos nunca existieron, que nunca nacieron y que los comunistas inventaban nombres para conseguir recursos de amparo que luego presentaban en la corte. Y otros como Francisco Javier Cuadra, Sergio Fernández… ¿Cuántos muertos se produjeron siendo subsecretario del Interior Alberto Cardemil? De aquí pasamos a la impunidad histórica; aquellos que fueron cómplices políticos o autores de delitos de lesa humanidad y que sin embargo podrían contar con que exista una calle con su nombre. José Toribio Merino, por ejemplo, el ideólogo del Golpe, tiene una estatua. Eso es una ofensa para las víctimas.”  Y la impunidad moral reflejada en los militares.“ellos quieren que se los sigan tratando como seres honorables, como personas que salvaron a la Patria. Y no están arrepentidos de nada”.

Referente al momento actual, es claro en su análisis, “recuperar la democracia porque esto que tenemos es cualquier cosa menos eso. ¿Cómo va a ser una democracia cuando se sigue imponiendo la voluntad del dictador en las materias más importantes como lo constitucional y lo económico? ¡Y no se puede cambiar porque ya está todo instalado! No, lo que tenemos es una post-dictadura. Y no vamos a salir de esto hasta que no haya una nueva Constitución en que el voto tuyo y el mío valgan igual. Pero aquí los votos del pinochetismo pesan más porque ellos imponen su voluntad con un tercio, y nosotros necesitamos dos tercios.

Garretón es partidario de la realización de una Asamblea Constituyente tomando el modelo de Colombia, así lo definió en un artículo que escribió el 2001.

En cuanto al Gobierno de la presidenta Michelle Bachelet, cree que el mayor aporte que podría hacer es crear una nueva Constitución, pero que las reformas de su programa, como la laboral, la educacional o la tributaria no tienen sentido si antes no se convoca a una Asamblea Constituyente. “¡Eso es evidente! O por lo menos entregar más claridad, porque cuando ella dice ‘proceso constituyente’ nos deja a todos pillos. Yo le haría una sola pregunta: cuando aparezcan los cabildos, los consejos, los grupos de trabajo, todos esos colectivos que ella menciona y que surgirán en este proceso que comenzará ahora en septiembre, ¿se va a exigir voto calificado de dos tercios para ser aprobado? Y en esto no hay por qué romperse la cabeza, porque de ser así quiere decir que simplemente no vamos a tener nueva Constitución. Nunca”.

Garreton
(foto: YouTube Cristian Saavedra)
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