A 42 años de su cruel asesinato, Manifiesto de Víctor Jara

A 42 años del cruel asesinato del canta-autor nacional Víctor Lidio Jara Martínez, compartimos su “Manifiesto“.

“Yo no canto por cantar
ni por tener buena voz
canto porque la guitarra
tiene sentido y razón,
tiene corazón de tierra
y alas de palomita,
es como el agua bendita
santigua glorias y penas,
aquí se encajó mi canto
como dijera Violeta
guitarra trabajadora
con olor a primavera.”

“Que no es guitarra de ricos
ni cosa que se parezca
mi canto es de los andamios
para alcanzar las estrellas,
que el canto tiene sentido
cuando palpita en las venas
del que morirá cantando
las verdades verdaderas,
no las lisonjas fugaces
ni las famas extranjeras
sino el canto de una alondra
hasta el fondo de la tierra.”

“Ahí donde llega todo
y donde todo comienza
canto que ha sido valiente
siempre será canción nueva.”


Memoria Viva

Víctor Lidio Jara Martínez (La Quiriquina, Chillán Viejo, 1932 – Santiago, 1973) 40 años, casado, una hija. Cantante popular y director teatral, miembro del Comité Central de las Juventudes Comunistas.

De origen campesino, heredó de su madre la afición por la música. Al ser abandonados por el padre, la familia se trasladó a Santiago, a una cité en la población Los Nogales. A los 15 años quedó huérfano e ingresó en el Seminario Redentorista de San Bernardo. Allí permaneció dos años. En 1957 entró en la Escuela de Teatro de la Universidad de Chile. En esa época conoció a Violeta Parra, que lo acogió como discípulo.

En 1960 recibió el título de director teatral y pasó a formar parte del directorio del Instituto del Teatro de dicha casa de estudios. Dirigió varias obras de teatro y obtuvo el Premio Laurel de Oro como mejor director del año. Ese mismo año, se casó con Joan Turner, con quien tuvo una hija, Amanda.

En 1967 fue invitado a Gran Bretaña, donde recibió otro premio por su dirección teatral. Estando allí compuso una de sus canciones más conocidas, Te recuerdo Amanda, dedicada a sus padres Amanda y Manuel.

En 1968 pasó a ser el director artístico del conjunto de música popular Quilapayún. En 1967 publicó su primer álbum musical, titulado Víctor Jara. Su segundo álbum, Pongo en tus manos abiertas (1969), coincidió con el respaldo que prestó a la candidatura de la Unidad Popular de Salvador Allende como militante de las Juventudes Comunistas. En 1970 publicó Canto libre, El derecho de vivir en paz y La población, creaciones de gran belleza y fuerza poética que lo convirtieron en uno de los máximos exponentes del resurgimiento y la innovación de la canción popular en Latinoamérica.

Sus canciones trataban sobre su pueblo y sus problemas, en la línea de los cantautores de la época; con todo, su éxito internacional las llevó más allá de su Chile natal para ser cantadas en cualquier manifestación progresista o concentración universitaria de otros tantos países, particularmente en la España de la transición.

Durante el período de gobierno de Allende fue nombrado embajador cultural del gobierno, en cuyo cargo desarrolló una amplia labor hasta la fecha de su muerte. Estaba casado con la bailarina inglesa Joan Turner, quien había sido su profesora de expresión corporal en la Universidad de Chile.

Ese 11 de septiembre de 1973, Víctor tenía agendado un acto en la Universidad Técnica del Estado (UTE), lugar en el que prestaba sus servicios como director teatral,

De pronto, ese martes cambió de rumbo. Por la radio se escuchó sobre el ataque a La Moneda y el levantamiento de los militares. Allende estaba pronunciando su discurso histórico cuando Víctor decidió salir a la calle.

“Era un día extraño, con los relatos de la radio, y todo hacía que fuera un día especial, pero nadie pensó que la situación llegaría a tal extremo. Nadie pensó que chilenos terminarían matando chilenos”, recordó la hija de Víctor, Amanda Jara, en una entrevista con LND.

Ese día, Víctor salió de la casa rumbo a la UTE y se encerró con otros universitarios para mostrar su repudio y voluntad de resistir; sin embargo, el ejercito tomó pronto las instalaciones

Jara fue detenido el día 12 de septiembre en el recinto universitario, , siendo conducido al Estadio Chile, donde tras ser separado de los demás arrestados junto a él, fue mantenido en los altos de una galería, junto a otras personas consideradas como peligrosas. Entre el 12 y el 15 de ese mes, fue interrogado por personal del Ejército.

Una vez que fue identificado por un soldado que custodiaba al grupo fue separado del grupo, brutalmente golpeado y sometido a largas sesiones de tortura.

“Ese día 13 vimos cuando llevaban a Víctor Jara. Al volver [al interior del estadio] parecía como que venía sin uñas en las manos, le habían volado unos dientes y lo llevaban con la camisa abierta. Se veía lleno de marcas como si fueran quemaduras de cigarrillo y apenas podía moverse”, declaró un obrero de apellido Sepúlveda. El mismo obrero relató que, antes de presenciar aquello (no dice si esta otra situación ocurrió el día 12 o la mañana del 13) en las graderías del estadio, “un militar alto, rubio, con gran vozarrón, dijo: ‘Yo sé que aquí está Víctor Jara y quiero que se presente sin que tenga que llamarlo’. Entonces se produjo un gran silencio muy largo, pero Víctor Jara no se presentó”.

Lo descrito por este testigo indicaría que, de alguna manera, durante las primeras horas el cantautor trató de sumergirse entre la gran cantidad de prisioneros, advirtiendo lo que podría sucederle.

Sepúlveda añade: “Ese día 13, Víctor Jara habló después con nosotros. Dijo que lo habían golpeado brutalmente y le habían aplicado electricidad. Y en un momento nos dijo: ‘Sé que este es mi último día, ahora me muero’”.

Tras tres días en el lugar, llegó la orden de trasladar a todos los prisioneros al Estadio Nacional. El 15 de septiembre es el último día en que se le ve con vida

Cubierto de sangre y desfigurado por los hematomas, algunos de sus amigos lograron sacarlo del rincón donde estaba tirado. Lo limpiaron e intentaron disfrazar para que ya no fuera identificado. Sin embargo, a pocos metros del camión que los llevaría al recinto de Ñuñoa, fue separado de la fila junto al director de Prisiones, Litre Quiroga, y otras tres personas.

Aquí comienza la laguna que se mantuvo durante 36 años. La indagación de 2009 indica que los prisioneros segregados del grupo fueron llevados nuevamente al interior del Estadio Chile y fueron fusilados en ese lugar, uno a uno.

Constatadas sus muertes, fueron subidos a un camión y llevados a un costado del Cementerio Metropolitano, donde fueron arrojados semidesnudos.

Al día siguiente, el 16 de septiembre, en la madrugada, su cuerpo fue encontrado en las inmediaciones del Cementerio Metropolitano por unos pobladores, junto a otros cinco cadáveres, entre los que se hallaba el de Littré Quiroga Carvajal.

Conforme expresa el informe de autopsia, Víctor Jara murió a consecuencia de heridas múltiples de bala, las que suman 44 orificios de entrada de proyectil con 32 de salida.

En una comunicación del Ministerio de Relaciones Exteriores de fecha 27 de Marzo de 1974, respondiendo una nota de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la O.E.A. se dijo:”Víctor Jara: Fallecido. Murió por acción de francotiradores que, reitero, disparaban indiscriminadamente contra las Fuerzas Armadas como en contra de la población civil”.

Fuente: Memoria Viva, Biografías y Vidas.

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