Procesan a 4 militares (r) por torturar y ejecutar a exDirector y funcionarios del Hospital de Temuco en 1973.

El ministro en visita de la Corte de Apelaciones de Temuco, Álvaro Mesa Latorre, sometió a proceso y prisión preventiva a cuatro funcionarios retiro del Ejército por los homicidios calificados de Hernán Henríquez Aravena y Alejandro Flores Rivera y los apremios ilegítimos a otras 3 personas, hechos ocurridos entre septiembre y octubre de 1973.

Homicidios

El magistrado encausó a Luis Raimundo Quezada Chandía como autor de los homicidios calificados de Hernán Henríquez Aravena–ex director del hospital regional- y Alejandro Flores Rivera – ex presidente de la Fenats regional-, perpetrados el 5 de octubre de 1973 al interior de la Base Aérea del Grupo N° 3 de Temuco. Como cómplice de los mismos ilícitos fue encausado Hernán Jerónimo Ramírez Ramírez y como encubridores de los hechos fueron procesados Víctor Manuel Volante Leonardi y a Xavier Fernando Pérez Chávez.

Torturas

Asimismo por los apremios ilegítimos de Jorge Silhi Zarzar, Víctor Hugo Painemal Arriagada y Sergio Riquelme Inostroza, perpetrados durante los meses de septiembre y octubre de 1973 al interior de la Base Aérea del Grupo N° 3, Maquehue, de Temuco fueron encausados Hernán Jerónimo Ramírez Ramírez en calidad de cómplice y en calidad de encubridores Víctor Manuel Volante Leonardi y a Xavier Fernando Pérez Chávez .

En causa (Rol número 113.969) el magistrado logró establecer:

“A.- Que inmediatamente de ocurrido el pronunciamiento militar el día 11 de septiembre de 1973, el Comandante del Grupo número 3 de Helicópteros de la Base Aérea Maquehue, Coronel Andrés Pacheco Cárdenas, delegó el mando operativo de la base al segundo Comandante Benjamín Fernández Hernández para poder asumir funciones en el Comando de Acción Jurisdiccional ante Situación Interna (CAJSI), cuya oficina se ubicaba en el Regimiento de Infantería número 8 “Tucapel” de la ciudad de Temuco. Sin embargo, nunca dejó formalmente el mando de la unidad antes indicada acudiendo diariamente a ese lugar para determinar las acciones a seguir.

A partir de ese mismo día la nueva autoridad local llamó a servicio activo a varios oficiales de Reserva de la Fuerza Aérea, que eran pilotos civiles, y a otros oficiales en retiro que se integraron al contingente de la Base Maquehue y que, según su grado, comenzaron a cumplir las mismas funciones operativas que el resto de los oficiales y suboficiales de línea al menos durante el período más álgido de septiembre y octubre de 1973. Estas funciones comprendían integrar patrullas destinadas a efectuar control de toque de queda, resguardo de instalaciones de servicios públicos y puentes, participar en operativos de distinta magnitud cuya finalidad era allanar domicilios y efectuar detenciones de personas contrarias al nuevo régimen o partidarias de la administración saliente, integrar tripulaciones de helicópteros con la finalidad de trasladar detenidos de un punto a otro de la región, tripular avionetas particulares con el objeto de vigilar la zona costera y efectuar turnos de oficial de ronda o de guardia al interior de la base aérea. Estos últimos turnos podrían haber sido de entre 12 a 24 horas.

Cabe señalar que gran parte de los oficiales de reserva de la Fuerza Aérea fueron nombrados, además, como interventores en diferentes empresas estatales por lo que tuvieron que compatibilizar ambas actividades durante el período antes señalado, sin que dejaran de cumplir estas tareas, ya que cada rama de las fuerzas armadas y de orden presentes en la ciudad designó un interventor por empresa, por lo que las actividades en las empresas intervenidas siempre estuvieron bien cubiertas.

B.- Ante la necesidad de sistematizar y coordinar las actividades destinadas a la detención de personas y su traslado a la base aérea Maquehue para su posterior interrogatorio, el Segundo Comandante Benjamín Fernández Hernández organizó un grupo especialmente seleccionado para tratar temas de inteligencia y de detenidos políticos, grupo que estaba bajo su mando y que incluyó a los Tenientes Ángel Campos Quiroga, Jorge Freygang Campaña, al Capitán Leonardo Reyes Herrera, al Sargento Orlando Garrido Riquelme, a varios efectivos del cuadro permanente de distinta graduación entre los que se cuentan entre otros a Luis Arturo Soto Pinto, Heriberto Pereira Rojas, Luis Osmán Yáñez Silva, Jorge Aliro Valdebenito Isler y Jorge Eduardo Soto Herrera; y a un empleado Civil que tenía la especialidad de enfermería de nombre Crisóstomo Hugo Ferrada Carrasco. Este grupo, a partir de esa fecha paulatinamente dejó de cumplir las funciones propias de su especialidad para avocarse a las tareas que les eran asignadas por el alto mando de la base Maquehue.

Este grupo especial recibió la colaboración alternada y esporádica de oficiales de línea y de reserva que, de motu proprio o por una orden recibida expresamente, se integraron en algunas oportunidades a los patrullajes destinados a allanar domicilios y detener personas o presenciaron y colaboraron en los interrogatorios de los detenidos que permanecían al interior de la base.

Las personas detenidas en los diversos operativos fueron mantenidos en dependencias de la guardia, de la enfermería, en dos oficinas ubicadas en el edificio Administrativo o de la Comandancia, en una antigua torre de madera que era usada anteriormente para guardar material no usados, y que después del 11 de septiembre fue habilitada para los fines señalados, y también en alguna oportunidad se trasladaron hasta un hangar ubicado en el interior de la base.

Muchos de estos detenidos permanecieron recluidos en la base Maquehue por un período no inferior a una semana, tiempo durante el cual fueron interrogados y torturados por los oficiales y suboficiales antes indicados, además de habérseles suministrado, en ciertos casos, drogas como el Pentotal, para que confesaran sus supuestos crímenes. Dicha droga era administrada por el enfermero de la base. También durante ese tiempo los detenidos fueron sacados al patio de la unidad durante el día para que descansaran un poco o fueron trasladados hacia los baños existentes en la unidad, oportunidad en que fueron vistos y atendidos por soldados conscriptos que pudieron comprobar el deteriorado estado físico en el que se encontraban estas personas. Algunos de estos conscriptos tuvieron que cumplir tareas de centinela para vigilar el lugar donde los detenidos se encontraban.

Por último, los operativos aéreos realizados en helicópteros en algunas ocasiones consistieron en trasladar tropas de ejército hacia localidades de la IX región cuya misión era detener personas contrarias al régimen militar. Estas personas fueron trasladadas hacia la base aérea Maquehue y también al Regimiento de Infantería número 8 “Tucapel” de esta ciudad, aterrizando los aparatos que los transportaban en ambas unidades, según fuese el caso. De igual manera, se efectuaron traslados de detenidos por tierra desde la base aérea Maquehue hasta el regimiento Tucapel, los que fueron cumplidos por integrantes del grupo especial descrito anteriormente y también en alguna ocasión por oficiales de reserva que recibieron una orden para tales efectos.

C.- Que Hernán Henríquez Aravena, Médico Cirujano y Director Zonal de Salud de Temuco para septiembre de 1973, fue requerido por la autoridad militar de la época para presentarse ante la Fiscalía Militar de esta ciudad, ubicada al interior del Regimiento de Infantería número 8 “Tucapel”. El día 12 de septiembre de 1973 compareció Henríquez ante la fiscalía siendo enviado a su domicilio.

La noche del 12 ó 13 de septiembre de 1973, Carabineros de la 2° Comisaría de Temuco allanó el domicilio de Hernán Henríquez Aravena, a quien sacaron de este y los trasladaron a la unidad antes mencionada. En ese lugar pasó la noche siendo visto allí por varios testigos que han declarado en ese sentido en el proceso. Al día siguiente fue nuevamente puesto a disposición de la Fiscalía Militar de Temuco, donde se ordenó su traslado a la Cárcel de esta ciudad y posteriormente se ordenó su arresto domiciliario total, quedando con la expresa orden de presentarse a primera hora del día 25 de septiembre de 1973 en el tribunal militar.

La noche del 24 de septiembre de 1973 la casa de Hernán Henríquez Aravena fue nuevamente allanada, esta vez por personal de la Policía de Investigaciones que estaba agregado al regimiento Tucapel. Después de un rato la patrulla se retiró del lugar. Sin embargo, más tarde se presentó otra patrulla, esta vez de Carabineros de la 2° Comisaría, quienes sacaron de su domicilio al médico Hernán Henríquez, llevándoselo sin dar ninguna explicación a su esposa.

Desde ese momento en adelante, doña Ruth Kries Saavedra, cónyuge de Hernán Henríquez, comenzó a indagar respecto del paradero de su marido preguntando primero en la 2° Comisaría de Carabineros de Temuco, donde le dijeron que este había sido llevado a la Fiscalía Militar es esta ciudad. Entrevistándose posteriormente con la autoridad militar competente, o con su representante, en la Fiscalía Militar fue informada de que su marido no había llegado a ese lugar y que allí se ignoraba su paradero.

Durante los días sucesivos doña Ruth Kries Saavedra recibió información de que su marido se encontraba detenido en la Base Aérea del Grupo n.° 3 de helicópteros, Maquehue, donde estaba siendo sometido a interrogatorios y apremios ilegítimos. Se entrevistó entonces con el Comandante de esa unidad, don Andrés Pacheco Cárdenas, quien negó el hecho.

Que una noche del mes de octubre el piloto civil Arnoldo Van Weezel, que cumplía el rol de oficial de guardia en esa oportunidad, entró a la sala de guardia de la Base Maquehue donde pudo ver que en una pequeña habitación se encontraba tendido en un camarote el Médico Hernán Henríquez Aravena, a quien casi no reconoció porque presentaba múltiples lesiones corporales que hacían presumir que había sido víctima de apremios ilegítimos. Tales eran sus lesiones que el médico no presentaba ningún signo de conciencia, llegando incluso a pensar el oficial de guardia que este se encontraba próximo a la muerte. Posteriormente, cuando finalizó su turno en la mañana, volvió a entrar a la guardia de la unidad comprobando que Hernán Henríquez Aravena ya no se encontraba en ese lugar.

D.- Que Alejandro Flores Rivera, Auxiliar de Enfermería del Departamento de Psiquiatría del Hospital Regional de Temuco y Presidente de la Federación Nacional de Trabajadores de la Salud (Fenats), fue requerido mediante el Bando n° 11 de fecha 12 de septiembre de 1973 para presentarse ante la Fiscalía Militar de esta ciudad, ubicada al interior del Regimiento de Infantería n.° 8 “Tucapel”. Ese día compareció Flores ante la fiscalía siendo enviado a su domicilio. Posteriormente, en una fecha indeterminada aún en el proceso, pero anterior al 5 de octubre de 1973, don Raúl Cerda Aguilef, conscripto del regimiento Tucapel de Temuco, llegó de relevo en horas de la mañana a la guardia de la unidad antes indicada, pudiendo ver en ese lugar a Alejandro Flores Rivera, a quien conocía desde antes porque era su hermanastro. En ese momento le dio desayuno.
Durante la tarde de ese día o al día siguiente volvió a la guardia y aún Alejandro Flores estaba en ese lugar quien le pidió a Cerda Aguilef que si algo le sucedía se hiciera cargo de su esposa y de sus hijos. A la mañana siguiente, Cerda fue a la guardia, pero Alejandro Flores ya no estaba. Entonces comenzó a preguntar por su paradero, hasta que un conscripto que era Sargento de Reserva, le dijo que no buscara más a su hermano porque durante la noche anterior él y el Teniente Alejandro Rubio Balladares (Q.E.P.D.) lo habían llevado a la Base Aérea Maquehue, lugar en el que había sido ejecutado y enterrado en un terreno que estaba loteado. Este soldado Conscripto, según los antecedentes allegados al proceso, formaba parte de un grupo especialmente seleccionado por el Teniente Rubio Balladares para efectuar acciones relacionadas con detenidos políticos.

E.- Que con fecha 5 de octubre de 1973 la autoridad local emitió el Bando n.° 9 que fue firmado por el Comandante de la Guarnición Militar de Temuco el cual en su punto n.° 2 daba a conocer a la comunidad que “Ante el intento de fuga planificado por ALEJANDRO FLORES RIVERA y en complicidad con HERNÁN HENRÍQUEZ ARAVENA mientras se encontraban detenidos en el cuartel del Grupo n.° 3 de Helicópteros y en connivencia con individuos que desde el exterior trataron de ayudarlos, fueron eliminados por la Guardia. Los demás sujetos huyeron del lugar sin obtenerse otras bajas. Estos elementos extremistas fueron enterrados.” Dicho Bando fue publicado en el Diario “El Austral” de Temuco, cuya tirada diaria era revisada previamente por un Capitán de Bandada de la Base Aérea Maquehue de Temuco, quien era ayudante del Coronel Andrés Pacheco Cárdenas y, además, encargado de Relaciones Públicas en la Intendencia de Cautín.

Atendido el mérito de los antecedentes que obran en este proceso hasta el momento que sobre el particular se contraponen a lo expresado en el bando precitado, llevan al Tribunal a formarse la convicción de que Henríquez Aravena y Flores Rivera fueron ejecutados por el personal de la Base Aérea Maquehue y por personal de Ejército del Regimiento Tucapel que estaba encargado de su custodia, en una situación distinta a la señalada en el Bando, descartándose como motivo para este hecho la fuga de ambos; teniendo en consideración, además, que hasta el momento no consta en autos que los cuerpos hayan sido entregados efectivamente a sus familiares.

F.- Que Jorge Silhi Zarzar, estudiante de 4° año Medio en el Liceo de Hombres N° 1 de Temuco y militante del MIR, fue detenido a fines de octubre de 1973 desde su domicilio por una patrulla de la Fuerza Aérea de Chile que dirigía el Empelado Civil enfermero en la Base Maquehue, Crisóstomo Hugo Ferrada Carrasco, a quien reconoció inmediatamente por haber sido la persona que en calidad de practicante del doctor Antonio Said Yaar, le había realizado en tiempos pretéritos algunas curaciones provenientes de una cirugía menor que le había practicado dicho médico en su consulta particular.

Una vez que se aproximaron a la Base Aérea Maquehue, uno de los integrantes de la patrulla le ordenó taparse la cabeza con la chaqueta que vestía el detenido, quien fue dejado en una sala, acostado en un catre con colchón y con la vista vendada. Durante la noche Silhi Zarzar fue sacado de la referida sala y fue llevado a otro edificio donde fue sometido a interrogatorios y apremios ilegítimos como asfixias mediante introducción de la cabeza en bolsas de nylon, aplicación de electricidad, golpes físicos con tablas y palos y otras técnicas ya conocidas. En un momento determinado el enfermero que lo había detenido le proporcionó Coramina en un vaso de agua. Esta persona, además, dirigía los interrogatorios y cada vez que las respuestas de Silhi le parecían falsas quedaba en poder del equipo de torturas. Esta situación se mantuvo por más de diez días y varias veces en el día. Finalmente, Jorge Silhi fue dejado en libertad, siendo llevado a su casa por Jorge Freygang Campaña.

G.- Que Víctor Hugo Painemal Arriagada, para septiembre de 1973 trabajaba en Socoagro como ayudante de Contador. El Interventor de esa empresa era un Capitán de Bandada de la Fuerza Aérea de Chile. El 8 ó 9 de octubre de ese año, en horas de la mañana, mientras se encontraba en su trabajo, en presencia del interventor antes mencionado fue detenido por el Suboficial de la Base Aérea Maquehue Orlando Garrido Riquelme (Q.E.P.D.), junto a quien abordó una patrulla y fue llevado a la base antes indicada. Apenas abordó el jeep en el que se movilizaban le pusieron una venda en la vista. Fue dejado en una sala donde había dos o tres camas. Ese mismo día fue trasladado hacia algún lugar al aire libre, donde le ordenaron mantener las manos alzadas por un período de casi una hora. Producto del cansancio Painemal bajó las manos un momento, recibiendo un culatazo. En todo instante, a pesar de estar con la vista vendada sentía que había más personas detenidas a su alrededor. Luego de esto, volvíó junto a otras personas hacia la habitación descrita anteriormente entre las que pudo reconocer la voz de Sergio Riquelme Inostroza, tambíen contador.

Durante su cautiverio se acercaron a interrogarlo el interventor de Socoagro y Pablo Alister Vega, Oficial de Reserva a quien conocía previamente, quienes le propusieron que si les decía dónde estaban escondidas las armas ellos podían darle la libertad inmediatamente. Painemal Arriagada estuvo detenido alrededor de dos semanas, período en el que fue sometido a varios interrogatorios, pudiendo recordar como a uno de sus interrogadores al Suboficial Garrido. Además, que en una oportunidad fue sacado de la unidad para ir en busca del domicilio de una persona de nombre Pedro Matus, quien vivía en la Población Lavandero. Le permitieron quitarse la venda de los ojos para dar con el domicilio, pero no pudo ubicarse. Producto de esto recibió apremios ilegítimos, siendo torturado en varias oportunidades aplicándole la técnica del submarino seco, es decir, una bolsa sobre la cabeza para cortarle la respiración, además de simulacros de fusilamiento. Finalmente, fue liberado, siendo dejado frente a su casa por el Suboficial Garrido.

H.- Que Sergio Riquelme Inostroza, militante del Partido Comunista, Contador y profesor del Instituto Superior de Comercio en la ciudad de Temuco para septiembre de 1973, mientras hacia clases en ese lugar fue detenido por una patrulla de la Fuerza Aérera de Chile entre cuyos integrantes reconoció a Orlando Garrido Riquelme. Fue conducido a la Base Aérea Maquehue, pero antes de entrar a la unidad le fue vendada la vista. En la guardia le sacaron los zapatos y todos su efectos personales y lo tendieron en una camilla o litera. Más tarde fue llevado a otro sector para ser interrogado. Al día siguiente, durante la mañana comenzó otro interrogatorio, pero esta vez fue apremiado físicamente mediante la aplicación de golpes en diferentes partes del cuerpo, además de otros métodos de sufrimiento. Este procedimieto se repitió por diez días, período durante el cual fue sacado al patio y a otras dependencias de la unidad, siempre con la vista vendada.

Cierto día fue sacado a la sala donde se le interrogaba y alguien le pidió que se quitara la venda de los ojos. Entonces pudo reconocer a la persona que tenía enfrente como el hermano de un compañero de curso que Riquelme tuvo. Esta persona que lo interrogaba era Emilio Sandoval Poo, Oficial de Reserva que era piloto civil, quien le señaló que venía a saber de su situación por orden del Intendente de la IX región que en aquella época era el Coronel de Ejécito Comandante del Regimiento “La Concepción” de Lautaro. Además, esta persona le pasó un papel y un lápiz para que anotara todos los nombre de sus familiares y conocidos, dándole diez minutos para hacerlo. Se retiró durante ese período y regresó posteriormente para pedirle el papel. Como Riquelme no anotó ningún nombre, el Oficial de Reserva se molestó, rompió el papel y el lápiz, lo insultó y se fue del lugar.

Finalmente, días más tarde Sergio Riquelme fue dejado en libertad siendo trasladado por el Sargento Orlando Garrido a su domicilio, donde casi no fue reconocido por su esposa, debido el estado fisico en el que se encontraba” sostiene el fallo.

Los detenidos ingresaron a la Base Aérea Maquehue y al Regimiento de Infantería Número 8 “Tucapel” de Temuco, y solicitó la extradición de Luis Quezada Chandía, que reside en Sao Paulo, República de Brasil.

 

Fuente: Poder Judicial


 

Al centro, Dr. Henríquez junto a su esposa y su padre (foto: Centro Documental Blest)

Hernán Arturo Henríquez Aravena, 38 años, casado, cuatro hijos, médico cirujano, Jefe Zonal del Servicio Nacional de Salud de las Provincias de Malleco y Cautín. Militante del Partido Comunista.

Al 11 de septiembre de 1973, se desempeñaba como Jefe del Hospital de Temuco. Ese día, él permaneció en su oficina, e incluso entregó su cargo voluntariamente el 12 de septiembre, al designado nuevo director, el doctor Jorge Verdugo Álvarez.

El 13 de septiembre, a través de un bando militar, fue llamado a presentarse a la Intendencia de la Región. El respondió a tal llamado. Se presentó: Fue interrogado, sumariamente por el coronel Pablo Iturriaga. No se le formularon cargos. Al parecer, dicho llamado correspondió a una denuncia interpuesta por terceros.

Esa misma noche, a las cuatro de la madrugada, efectivos de carabineros allanaron su domicilio. Se lo llevaron detenido. Al día siguiente fue trasladado a la cárcel de Temuco y al subsiguiente, se le devolvió a casa bajo arresto domiciliario.

El lunes 24 de septiembre, a medianoche, los carabineros nuevamente se hicieron presente en su casa. Desde allí fue sacado violentamente y a medio vestir. Llegaron hasta el domicilio un total de seis personas, que vestían uniformes de carabineros y que se movilizaban en una camioneta abierta no propia de los vehículos que utiliza normalmente esa institución. El doctor Henríquez había recibido una citación para comparecer ante la Fiscalía Militar de Temuco el día 25 de septiembre de 1973, a fin de prestar declaraciones. Pero fue secuestrado desde su hogar un día antes.

Su esposa, Ruth Kries, también de profesión médico cirujano, trató de intervenir. Fue encañonada y amenazada. Testigos del hecho son los vecinos de la casa, ubicada en una calle céntrica de la ciudad de Temuco: el doctor Flavio Zepeda y su esposa Carmen, y el señor Tiburcio Saavedra y su cónyuge.

A partir de entonces, la doctora Kries inició la interminable peregrinación en búsqueda de información acerca del paradero de su marido.

El 6 de octubre de 1973 se publicó en el diario Austral de Temuco y en el diario El Mercurio de Santiago, el bando Número 8 de la comandancia de la Guarnición de Temuco. En este bando se declara, que en el recinto Número 3 de helicópteros de la base aérea de Maquehue, fueron muertos Hernán Henríquez Aravena y Alejandro Flores Rivera.

Según el bando, ambos trataron de organizar una fuga desde el lugar de la detención, con ayuda del exterior. No fue detenida ninguna otra persona. Se informó, también, que los cuerpos sin vida de ambos «extremistas» fueron enterrados, sin precisar el lugar de ello.

En relación a este suceso, en aquella época no se interpuso recurso de amparo, ni se realizó ningún tipo de gestión ante la justicia. Tras las constantes amenazas recibidas, luego de sus numerosas indagaciones para dar con el paradero de su esposo, Ruth Kries se asiló en la Embajada de Alemania y partió al exilio junto a sus cuatro hijos, que entonces tenían siete, cinco, dos años y una guagua de meses.

Los padres del doctor, sin poder entender lo sucedido, quedaron prácticamente paralizados de horror ante tal brutalidad. Pese a que esta familia era connotada y muy querida en Temuco, nunca recibió explicaciones por parte de las nuevas autoridades. A ellas acudieron en varías ocasiones. pero ni siquiera fueron escuchados. El padre murió pocos años después, sin poder sobreponerse jamás.

(Centro Documental Blest. “Porque fuimos médicos del pueblo” )

Publicación en aquel entonces del diario “El Austral” de la Araucanía, (foto: Historia del Periodismo en La Araucanía)

Alejandro Flores Rivera, 33 años, casado, dos hijos, funcionario del Hospital Regional de Temuco, Presidente Regional de la Federación Nacional de Trabajadores de la Salud (Fenats). Militante del Partido Comunista.

Participo junto a el doctor Hernán Henríquez, Jécar Nehgme Cornejo y Manuel Elgueta del programa de salud intercultural durante el gobierno de Allende, en el que se integraba los adelantos de la medicina occidental con el ejercicio de la medicina ancestral mapuche, basada en un sistema propio de sanación natural, con participación de los y las machi, cuyas prácticas serían respetadas y sus conocimientos serían rescatados en pro de su conservación y transmisión.

El programa era criticado por la derecha, que lo consideraba muy revolucionario para esos tiempos. Además de integrar la medicina formal con el sistema holístico mapuche (filosófico, psicológico, sanitario), contemplaba la ejecución de cursos de capacitación para monitores mapuche, que podían llevar a la práctica sus conocimientos al interior de sus comunidades, en armonía con la medicina ancestral y tomando en cuenta los intereses, creencias y supuestos culturales de la comunidad. Hasta el golpe de Estado, el equipo había logrado impartir un curso completo y estaba preparando una segunda promoción de monitores.

Tras el golpe de Estado del 11 de septiembre, el equipo de salud intercultural fue duramente perseguido: los militares golpistas consideraron que la actividad que desarrollaban, era altamente subversiva. Consideraron que si unos profesionales de izquierda trabajaban con los mapuche, el sector más marginado de la sociedad chilena, sólo podía ser para intentar sublevarlos. Así, el accionar de los trabajadores de la salud, en el imaginario de los golpistas, no tenía otro fin que el de establecer un foco guerrillero en la región de la Araucanía. Hicieron pública la creencia de que eran los ejecutores del programa, quienes llevarían a efecto el inventado Plan Zeta. Desde luego, además del prejuicio contra la izquierda, primaba el prejuicio antimapuche, el desprecio al pueblo originario y el rechazo fanático en contra de su espiritualidad y de su medicina ancestral.

Jécar Nehgme y Manuel Elgueta, como sus compañeros, siguieron en sus casas después del golpe y de la muerte de aquéllos. No hubo intentos de su parte por refugiarse dentro ni fuera del país, ni siquiera abandonaron sus residencias habituales. Es por eso que fueron detenidos por militares en sus respectivos domicilios en la madrugada del 26 de octubre y ese mismo día fueron ejecutados.

(Piensa Chile, “El pueblo mapuche y el gobierno de Salvador Allende y la Unidad Popular“)

Los representantes de la junta de gobierno a nivel local, se dirigían a la población mediante el diario “El Austral” a través de Bandos. Es así que el bando nº 9 informa que bajo las circunstancias de un intento de fuga planificado por Alejandro Flores Rivera (de 33 años) junto con Hernán Henríquez Aravena (de 38 años) fueron abatidos en el intento. Dicho eso, el bando militar también da a conocer que los cuerpos fueron enterrados, lo que hace suponer su paradero, pero tal como consta en el Informe de la comisión Nacional de Verdad y Reconciliación, conocida popularmente como Informe Rettig, sus cuerpos siguen sin ser encontrados.

( Historia del Periodismo en La Araucanía, “Relación entre El Diario Austral de Temuco con el régimen militar“)

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